
Se trata de un trastorno congénito no hereditario que se produce por una extraña -y por el momento inexplicable- alteración del cromosoma 15. Aunque a diferencia del Síndrome de Down no puede detectarse durante el embarazo.
Los enfermos de Prader-Willi comen de manera compulsiva e insaciable porque el cerebro no conoce precisamente la sensación de saciedad, es decir, no recibe la orden de saciedad tras la comida, llegando incluso a desarrollar una obesidad mórbida con problemas de diabetes. Para evitar esto, los expertos recomiendan a los familiares a su cargo que guarden y controlen la comida bajo llave. El mal funcionamiento del hipotálamo hace que no tengan jamás la sensación de saciedad.
Pero no se debe llevar a cabo tan sólo un control estricto de sus hábitos alimentarios, ya que los Prader-Willi pueden comer tan sólo una tercia parte de lo que consumiría una persona sana. Tienen dieta.
El problema de esta enfermedad es que, de momento, no existe una cura conocida, la detección de la enfermedad puede llegar a ser tardía lo que provoca trastornos fisiológicos en los pequeños y, además, causa importantes daños psicológicos pues los Prader-Willi son conscientes del mal que padecen.
Asociación de Prader-Willi



